Santiago 5 Oct. (ATON) -
"La palabra es cambio, Brasil no aguanta más", afirmó el hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Por su parte, Lula da Silva (45,15%), dijo que "soy muy bueno en las eliminatorias, en el cara a cara".
Los candidatos a la Presidencia de Brasil, Flávio Bolsonaro (Partido Liberal) y Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores), han cruzado duros reproches en sus primeros discursos tras confirmarse que disputarán una segunda vuelta el próximo 25 de octubre.
En su comparecencia tras lograr la victoria en primer vuelta con el 47,03% de los votos, Flávio Bolsonaro ha agradecido el respaldo de más de 56 millones de brasileños que, a su juicio, no se han abstenido porque anhelan una transformación profunda.
"La palabra es cambio, Brasil no aguanta más (...). Está decretado el fin de la era del PT", ha proclamado el candidato del Partido Liberal, quien ha acusado a la formación progresista de dejar como único legado un "récord de mujeres asesinadas, brasileños endeudados, altos impuestos, desesperanza y empresas cerradas".
Para esta nueva etapa, Bolsonaro ha prometido conformar un "gobierno moderno con menos ministerios" y ha lanzado una advertencia directa al Poder Judicial, ya que ha asegurado que propondrá al menos cuatro jueces para el Tribunal Supremo que "no intenten interferir en las elecciones". En esta línea, ha acusado a Lula de haber gastado "más de 350.000 millones de reales (59,7 millones de euros) para intentar vencer a la democracia".
El líder ultraderechista ha centrado gran parte de su ataque en la figura de su rival, a quien ha reprochado estar únicamente "preocupado por el poder" tras haberse presentado a siete elecciones presidenciales.
Frente a ello, Bolsonaro ha garantizado que es el único candidato que asume el compromiso de poner "fin a la reelección", argumentando que solo necesita "un mandato" para situar al pueblo en el centro de sus políticas y resolver los problemas reales del país.
LULA ESTABA CONVENCIDO DE GANAR
Por su parte, Lula da Silva (45,15% de los sufragios) ha admitido abiertamente que estaba "convencido" de ganar en la primera vuelta. Lejos de mostrarse desanimado, ha ironizado señalando que "al pueblo le gusta" que dispute segundas vueltas.
"Soy muy bueno en las eliminatorias, en el cara a cara", ha afirmado, definiendo esta nueva fase como "la hora de la verdad" para evidenciar las diferencias entre ambos modelos de país.
El actual presidente ha contrapuesto sus doce años de políticas de inclusión social y la experiencia de su vicepresidente, Geraldo Alckmin, gobernando el estado de Sao Paulo, frente a un rival que, a su juicio, no ofrece un horizonte prometedor.
Además, Lula ha lanzado duras acusaciones contra la "biografía tenebrosa" del entorno de su contrincante, denunciando "sospechas gravísimas" y vínculos con "el crimen organizado, los asesinatos en Río de Janeiro" y el caso de corrupción del Banco Master, advirtiendo que "todo eso quedará claro" en las próximas tres semanas.
Ante las críticas sobre su gestión económica, Lula ha reivindicado su "autoridad moral" recordando que durante sus primeros mandatos Brasil fue "el único país del G20 en lograr superávit primario" y obtuvo el grado de inversión internacional.
Además, ha garantizado mantener la responsabilidad fiscal sin aplicar recortes "capaces de perjudicar a las personas pobres" y ha concluido su intervención con un llamamiento directo a los más de 33 millones de electores que se han abstenido. "El partido va a comenzar, estamos en la prórroga", ha sentenciado, instando a la movilización masiva para frenar a los "bolsonaristas".
Según detalla el último boletín oficial, la participación en esta primera vuelta se ha situado en el 78,92%, con un 1,84% de votos en blanco y un 2,93% de sufragios nulos. En Brasil, el derecho a voto es opcional a partir de los 16 años y de carácter obligatorio para los ciudadanos de entre 18 y 70 años.