Santiago 19 Abr. (ATON) -
La industria enfrenta caída en el consumo global y responde con ajustes y estrategias de mayor valor.
La industria vitivinícola chilena atravesó uno de sus escenarios más desafiantes en los últimos años, marcado por una sostenida caída en el consumo a nivel global y un entorno cada vez más competitivo. En ese contexto, las principales viñas del país se vieron obligadas a redefinir sus estrategias para enfrentar un mercado más exigente y con menores márgenes.
El impacto no fue menor. Las exportadoras comenzaron a evidenciar una mayor presión en sus resultados, con costos ajustados y una competencia creciente en distintos mercados internacionales. Así está consignado en los informes que se reportan a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), y que publica diario El Mercurio.
Frente a este panorama, la respuesta del sector no fue uniforme, pero sí tuvo un eje común: una profunda reconversión enfocada en eficiencia y en la producción de vinos de mayor valor.
Una de las principales tendencias fue la llamada premiumización , estrategia que busca dejar atrás los productos de menor margen para enfocarse en segmentos más exclusivos. En esa línea, varias compañías avanzaron en la reducción de su portafolio y en la optimización de sus procesos productivos.
Algunas viñas lograron sostener resultados positivos pese al contexto adverso. En ciertos casos, el fortalecimiento de líneas premium permitió mantener cifras favorables, lo que reforzó la decisión de seguir avanzando en esa dirección. Este cambio también incluyó ajustes estructurales, como la reorganización de operaciones, la salida de activos menos rentables y la especialización en cepas con mayor demanda internacional.
En paralelo, otras empresas optaron por medidas más drásticas, incluyendo la venta de activos y la modernización de sus instalaciones, con el objetivo de mejorar la eficiencia y adaptarse a las nuevas condiciones del mercado. La automatización y la especialización en productos de mayor valor se consolidaron como pilares clave en esta etapa.
Sin embargo, este proceso también tuvo consecuencias en el empleo. En los últimos años, varias compañías redujeron su dotación, reflejando el impacto humano de la crisis. A esto se suma la situación de viñas más pequeñas, que enfrentan mayores dificultades para absorber los efectos del escenario actual.
Más allá de la coyuntura, desde el sector plantearon la necesidad de mirar a largo plazo. Las mayores oportunidades para Chile están en su condición natural de ser un país sustentable y diverso , afirmó Mario Pablo Silva, destacando el potencial del país en términos de calidad y adaptación al cambio climático.
En esa línea, enfatizó la importancia de continuar invirtiendo en desarrollo e innovación. Debemos continuar invirtiendo en I+D, concentrándonos en la premiumización de nuestros productos , señaló, junto con advertir que también se requiere un mayor respaldo institucional para fortalecer la posición del vino chileno en el exterior.
Respecto a las tendencias de consumo, también fue claro en marcar diferencias. El vino es vino con alcohol, y ha sido así por siempre. El producto sin alcohol pierde gran parte de las características del vino, es otro producto , sostuvo, aunque reconoció que pueden surgir nichos específicos.
A pesar del complejo escenario, el sector visualizó oportunidades, especialmente en la valorización del origen, la calidad y el desarrollo del turismo vitivinícola como una herramienta para conectar con nuevos públicos. Hoy el consumidor busca vinos de calidad, que representen la característica de su tierra , agregó.
De esta forma, la industria del vino chileno no solo enfrentó una crisis, sino que también inició un proceso de transformación profunda, con la mirada puesta en adaptarse a los nuevos tiempos y recuperar competitividad en el escenario global.