Santiago 20 Sep. (ATON) -
El especialista en opinión pública afirmó que el pesimismo se ha extendido por varios años y advirtió que, si persiste, podría derivar en otras formas de expresión del descontento.
El deterioro de las expectativas económicas se ha transformado en una nueva urgencia para el Gobierno del Presidente José Antonio Kast, según el análisis del académico y especialista en opinión pública Roberto Méndez, quien advierte que el Ejecutivo dispone de los próximos meses para intentar revertir el desánimo ciudadano.
En entrevista con La Tercera, el profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica sostuvo que el elemento más llamativo del actual escenario no es necesariamente la intensidad del pesimismo, sino el prolongado periodo durante el cual se ha mantenido.
Yo hablaría de un tramo largo. Lo que a mí me sorprende, lo voy a decir con bastante cuidado, no es la profundidad del pesimismo, porque, si uno mira para atrás, ha habido periodos peores, sino que es la extensión. Esto empezó en 2018, en el gobierno de Sebastián Piñera, con el estallido, después siguió con la pandemia y no se ha recuperado.
Según Méndez, el Índice de Percepción Económica mostró una mejora en torno al inicio de la administración de Kast, pero posteriormente volvió a deteriorarse. El académico identifica como uno de los puntos de inflexión el aumento del precio del petróleo registrado hacia fines de marzo.
Está bien detectado que la elección del Presidente Kast produjo un nivel de optimismo que casi llegó a los 50 puntos. El punto de quiebre fue a finales de marzo, con el alza del petróleo. Eso fue inmediato.
A su juicio, posteriormente se sumaron otros factores, entre ellos la inflación y el desempleo. Méndez sostiene que el actual pesimismo está relacionado principalmente con la percepción que las familias tienen de su situación inmediata.
Lo que está afectando a la gente hoy es un dolor de su situación personal y que tiene que ver, sobre todo, con el desempleo, pero también con la inflación de alimentos. Esta mezcla es extraordinariamente dolorosa para la población.
El diagnóstico se produce en un escenario económico complejo. El desempleo llegó al 9,5% y la inflación anual alcanzó un 4,1% en agosto, mientras el Banco Central redujo su proyección de crecimiento para 2026.
Méndez planteó que el Ejecutivo enfrenta ahora el desafío de recuperar las expectativas generadas al comienzo de su administración. En su análisis, el pesimismo puede tener además consecuencias sobre la propia actividad económica si las personas reducen su consumo ante la incertidumbre.
Tengo la impresión de que el gobierno tiene que replantear sus prioridades y, por lo que le he escuchado en estos días al ministro Quiroz, incluso al Presidente Kast, están adoptando esa actitud y es muy importante.
El académico distingue, sin embargo, entre las preocupaciones inmediatas y las expectativas de más largo plazo. A su juicio, existe todavía confianza en que algunas de las reformas puedan producir efectos, pero considera que el desafío principal se encuentra en el presente.
Pero el problema es ahora. El gobierno tiene que cubrir el corto plazo, y esa es la emergencia.
El especialista también cuestionó la forma en que el Ejecutivo abordó inicialmente algunas decisiones económicas. Según su interpretación, no se dimensionó suficientemente el efecto que el ajuste fiscal podía tener sobre el estado de ánimo de la población.
Le faltó considerar ese aspecto: que el ajuste del equilibrio fiscal, del gasto público, iba a tener un costo en el estado de ánimo de la población. Creo que subestimaron eso y creyeron que eso iba a ser compensado con las expectativas de que en el mediano plazo se la iban a poder arreglar.
Para Méndez, enfrentar este escenario requiere también modificar el relato del Ejecutivo y concentrarlo en la solución de los problemas que actualmente preocupan a la ciudadanía.
La única manera es con un nuevo discurso.
Uno de los principales riesgos que identifica el académico es que un periodo prolongado de desánimo termine derivando en expresiones más intensas de malestar.
Es lo correcto, el problema es que hay que pasar el corto plazo, porque si no, este pesimismo fácilmente se transforma en rabia. Y esa rabia después se expresa en forma más violenta, con lo que, incluso, en el extremo, puede que nunca llegues a ese horizonte más largo, en que esperas que las cosas mejoren.
Méndez precisó que no equipara directamente el escenario actual con el vivido en 2019, aunque recordó que aquel periodo estuvo antecedido por un deterioro de las percepciones ciudadanas. Frente a la posibilidad de que el pesimismo afecte la gobernabilidad, sostuvo que el riesgo aumenta en la medida que este estado de ánimo se prolongue.
Al mismo tiempo, considera que el Gobierno todavía dispone de margen para modificar el escenario durante los próximos meses.
El escenario político le da una oportunidad al gobierno, pero tiene que ser antes de fin de año. Le exige inmediatez.
El análisis de Méndez también alcanza al funcionamiento interno del Ejecutivo. A su juicio, el diseño inicial del Gobierno enfrentó dificultades y todavía no resulta claro cuál es el modelo que lo reemplazó. En particular, apuntó a las diferencias públicas entre integrantes del gabinete y a la ausencia de una vocería claramente definida.
Tengo la impresión de que el diseño original del Presidente Kast no funcionó.
Consultado sobre si la imagen de un Gobierno considerado fome podría afectar la evaluación ciudadana, Méndez descartó que ese sea el principal problema y centró nuevamente su análisis en la capacidad de gestión.
Yo creo que no. Dada la situación actual, la forma y los motivos por los cuales votaron por este gobierno, no hay ningún pecado en ser fome. Podría ser perfectamente un gobierno fome, pero efectivo.
Y sintetizó su planteamiento con una frase: Sean fomes nomás, pero muestren resultados.
Para el académico, los próximos meses serán determinantes para saber si el Ejecutivo logra contener el deterioro de las expectativas y trasladar a la ciudadanía los eventuales efectos de sus políticas de mediano y largo plazo.