Santiago 11 Ene. (ATON) -
Un 61% de la fuerza laboral se mantiene en línea, con un 26,5% conectado de manera continua y un 34,5% que logra desconectarse solo parcialmente.
En plena temporada alta de verano, la capacidad de los trabajadores chilenos para disfrutar de un descanso efectivo vuelve a ser cuestionada. Aunque la Ley de Desconexión Digital ya está vigente, la cultura laboral muestra una brecha evidente: la mayoría de los empleados admite permanecer alerta a correos y mensajes corporativos incluso durante sus vacaciones.
EL FENÓMENO DE LA HIPERCONEXIÓN
Un estudio de Randstad, publicado por Mega, confirma que la hiperconexión persiste en el país. Históricamente, la consultora ha advertido que los chilenos no logran desconectarse totalmente en sus días libres, lo que repercute directamente en la salud mental y en la productividad al regreso.
Los datos son claros: un 61% de la fuerza laboral se mantiene en línea, con un 26,5% conectado de manera continua y un 34,5% que logra desconectarse solo parcialmente. Apenas un 39% corta realmente el vínculo digital con la oficina, compuesto por un 25,4% que se desconecta mayormente y un 13,5% que asegura hacerlo por completo.
FACTORES INDIVIDUALES MÁS QUE CORPORATIVOS
El sondeo revela que la falta de desconexión responde más a decisiones personales que a exigencias empresariales. Solo un 6% de quienes permanecen conectados lo hace por requisitos estrictos del cargo. El resto actúa por iniciativa propia: un 42% atiende exclusivamente emergencias, mientras que un 20% prefiere monitorear avances para suavizar el retorno.
En contraste, un 32% de los trabajadores se margina por completo de agendas y chats, demostrando que la interacción laboral en vacaciones se ha convertido en un hábito electivo, fruto de la autoexigencia más que de la estructura corporativa.
UNA DEUDA PENDIENTE
La encuesta confirma que, pese a la normativa, la desconexión total sigue siendo minoritaria en Chile. Las vacaciones, concebidas como el momento por excelencia para el descanso, se ven tensionadas por la cultura de la hiperconexión, dejando en evidencia una deuda pendiente en materia de bienestar laboral.