Publicado 20/06/2026 04:44

DDHH.- El jefe de la OCHA dice que si en el mundo hay ya billonarios también se puede evitar la hambruna y la enfermedad

Admite que le preocupa que "nos estemos acostumbrando a lo inaceptable" y advierte de que "la indiferencia no sale gratis"

Archivo - 15 April 2026, Berlin: Tom Fletcher, UN Emergency Relief Coordinator, comes to the Federal Foreign Office at the start of the International Sudan Conference. The conference in Berlin consists of a meeting of foreign ministers, a humanitarian con
Archivo - 15 April 2026, Berlin: Tom Fletcher, UN Emergency Relief Coordinator, comes to the Federal Foreign Office at the start of the International Sudan Conference. The conference in Berlin consists of a meeting of foreign ministers, a humanitarian con - Michael Kappeler/dpa - Archivo

MADRID, 20 Jun. (EUROPA PRESS) -

El secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y máximo responsable de OCHA, Tom Fletcher, tiene claro que lo único que hace falta para acabar con el hambre, las enfermedades y el desplazamiento es "voluntad política" en un mundo en el que ya hay billonarios y advierte de que la indiferencia ante el sufrimiento en muchas partes del mundo "no sale gratis".

"Nuestro mensaje es claro: un mundo que puede convertir millonarios en billonarios también tiene los recursos para evitar la hambruna, la enfermedad y el desplazamiento", esgrime Fletcher en entrevista con Europa Press tan solo unos días después de que Elon Musk se haya convertido en el primer billonario a nivel mundial.

"Lo que falta es voluntad política y una solidaridad sostenida con las personas menos afortunadas", denuncia. La ONU ha hecho cálculos y para cumplir este objetivo haría falta el equivalente a tres días y medio de gasto mundial en armamento y defensa, la mitad de los bonus anuales que se cobran en Wall Street o el 5% de lo que se gasta cada año en refrescos con gas.

Sin embargo, esa solidaridad no está ahí y en los últimos años, los fondos que los países destinan para ayuda humanitaria han ido en claro retroceso, con el consiguiente impacto que esto tiene para la labor que realizan las agencias de la ONU y las ONG y para sus beneficiarios, que ven reducida cuando no retirada la asistencia que perciben. "Nos estamos viendo obligados a decisiones devastadoras sobre a quién podemos atender y a quién no", admite Fletcher.

Para este año, la ONU hizo un llamamiento solicitando 33.600 millones de dólares (unos 29.200 millones de euros) para ayudar a los 135 millones de personas necesitados de asistencia en todo el mundo, priorizando a 87 millones de personas que "se enfrentan a las crisis más graves y a las amenazas más acuciantes", para las que pidió 23.000 millones de dólares (unos 20.000 millones de euros). "Hemos tenido que priorizar con mucho rigor no porque las necesidades hayan disminuido sino porque lo han hecho los recursos", explica.

En lo que va de año, se ha conseguido atender a 24 millones de personas y se han recibido o están en camino más de 10.000 millones de dólares (unos 8.700 millones de euros). "La ayuda está llegando a millones de personas, se están salvando vidas, se está alimentando a familias, se están previniendo enfermedades", reconoce Fletcher, pero incide en que "decenas de millones de personas siguen esperando".

NO CABE LA INDIFERENCIA

Así las cosas, admite que le preocupa que "nos estemos acostumbrando con lo inaceptable". "Vivimos un tiempo marcado por la fuerza, la brutalidad, la impunidad y, demasiado a menudo, un sentido de responsabilidad mutua en declive". Sin embargo, advierte, "la historia nos demuestra que la indiferencia no sale gratis".

"Las crisis tienen efectos dominó que van más allá de las fronteras nacionales. El movimiento humanitario actúa como red de seguridad global de último recurso y en un mundo fracturado e inestable, no solo es moralmente lo correcto sino lo estratégicamente inteligente", reivindica Fletcher.

En los 18 meses que lleva en el cargo, el jefe de la OCHA ha visitado "muchas de las crisis más brutales e inhumanas" como Gaza, Sudán o Ucrania. "Una de las partes más duras de mi trabajo es conocer personas que preguntan si alguien sabe lo que les está pasando". "Nuestra respuesta tiene que ser que sí: la humanidad significa rechazar permitir que comunidades enteras se conviertan en invisibles", subraya.

LAS CRISIS LOCALES SE CONVIERTEN EN REGIONALES Y MUNDIALES

Mirando hacia el futuro, apunta que lo que le preocupa es que "las crisis cada vez chocan más entre sí". "Los conflictos, los envites climáticos, la inestabilidad económica, el desplazamiento y la enfermedad no son amenazas aisladas, se refuerzan entre sí", resalta, advirtiendo de que en el mundo actual "una crisis local puede rápidamente convertirse en regional o global mañana".

Así las cosas, llama la atención sobre que "la próxima gran crisis humanitaria podría no surgir de un único acontecimiento, sino de múltiples presiones que golpean a comunidades vulnerables al mismo tiempo". Y por eso defiende que hay que "invertir en prevención, diplomacia y acción temprana".

"Tenemos que anticipar las necesidades antes de que la crisis golpee", recalca Fletcher, para quien "la mejor respuesta humanitaria es la que nunca tengamos que lanzar porque se ha evitado primero el sufrimiento".

Con todo, Fletcher aún mantiene la esperanza. "Donde quiera que voy", asegura, "veo una valentía extraordinaria: familias determinadas a reconstruir y trabajadores humanitarios determinados a hacerlo con ellos, a menudo con un gran riesgo personal, porque se niegan a rendirse".

"La esperanza no es un optimismo ciego, la esperanza es acción con propósito. Es la elección de seguir presentándose cuando más importa, defender nuestra humanidad compartida y salvar las vidas que sabemos que podemos salvar", remacha.

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