Publicado 22/05/2026 09:21

José Miguel Laímez, neurólogo: "Si lográramos controlar los factores de riesgo se podría reducir el Alzheimer un 50%"

"No es lo mismo una cerveza con amigos tras el trabajo que beber solo para consolarse"

Archivo - El jefe del servicio de neurología del Hospital Universitario Casa de Salud de Valencia, el doctor José Miguel Laímez.
Archivo - El jefe del servicio de neurología del Hospital Universitario Casa de Salud de Valencia, el doctor José Miguel Laímez. - LUNDBECK - Archivo

SITGES, 22 May. (EUROPA PRESS) -

Retrasar el inicio de enfermedades neurológicas y mantener un cerebro funcional el máximo tiempo posible mediante cambios de estilo de vida desde la infancia hasta la vejez podría reducir el Alzheimer y otras demencias un 50%, y los ictus en un porcentaje incluso mayor, ha señalado el jefe del servicio de neurología del Hospital Universitario Casa de Salud de Valencia, el doctor José Miguel Laímez.

Hasta 57 millones de personas padecen demencia en todo el mundo, es la séptima causa principal de muerte y una de las principales causas de discapacidad y dependencia; mientras que los accidentes cerebrovasculares (ACV) son la tercera causa de muerte y discapacidad en todo el mundo, con una incidencia estimada de 93,8 millones de casos, según lo datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Laímez, quién ha participado en el Seminario de Periodistas de Neurociencias 2026, que celebrado los días 21 y 22 de mayo en Sitges, organizado por Lundbeck Iberia, bajo el título 'El cerebro, la última frontera', ha señalado todos los factores que ayudan en la prevención y el autocuidado del cerebro.

Confirmando que muchas enfermedades del cerebro pueden prevenirse o retrasarse actuando sobre factores modificables, Laínez ha destacado la importancia de tener una buena reserva cerebral, ya que "nos hace más resilientes a las agresiones".

Esto se adquiere desde la infancia con una buena educación y fomento de las actividades intelectuales. La actividad física, la dieta mediterránea, mantener una buena actividad social y evitar la soledad, una buena calidad de sueño y una actitud positiva son importantes. Por supuesto evitar los hábitos tóxicos como fumar o beber y controlar los factores de riesgo vascular; y, como se lleva tiempo advirtiendo, el tiempo de utilización de pantallas afecta al cerebro de los más jóvenes pero también de los adultos.

Un concepto clave es la reserva cognitiva, que es la capacidad del cerebro para tolerar mejor las agresiones (enfermedades, traumatismos, envejecimiento) gracias a una red neuronal más rica y conectada. Esta reserva depende en parte de factores genéticos, pero se puede aumentar claramente con el nivel educativo, el tipo de trabajo intelectual, la actividad física, los hábitos de vida saludables, el bilingüismo y el aprendizaje continuado de tareas nuevas.

Por otro lado, ha recordado que el cerebro consume alrededor del 20% de la energía corporal y es muy sensible al estado nutricional desde el embarazo. "Que la comida sea tu alimento y el alimento tu medicina", ha señalado recordando a Hipócrates; ahí que sea tan importante seguir una dieta mediterránea con nutrientes esenciales como los ácidos grasos omega 3, el ácido fólico y minerales como el magnesio; además de frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva, pescado y vino, claro que con "moderación".

La estimulación cognitiva, aprender cosas nuevas, sociabilizar y ser positivo, son factores con grandes efectos en la reducción del riesgo. Aunque es el ejercicio físico el que describe casi como el mejor "antiaging" que existe, tanto para el cerebro como para el resto del organismo. Los estudios muestran que las personas más activas viven más años, tienen menos mortalidad y disfrutan de unos cinco años más de supervivencia que quienes llevan vida sedentaria.

A nivel cerebral, ensayos clínicos han mostrado que un año de ejercicio aeróbico aumenta el volumen del hipocampo, y otro estudio de larga duración confirman que más actividad física se asocia a menor deterioro cognitivo y funcional incluso en personas con carga de amiloide, y que el ejercicio reduce especialmente la acumulación de tau, la proteína más ligada al deterioro clínico en demencia.

Así, su recomendación es la combinación de ejercicio aeróbico frecuente y trabajo de fuerza al menos una vez por semana, y en personas mayores añadir ejercicios de equilibrio para prevenir caídas; e insiste en que "más pasos suman más beneficios", siendo los 10.000 pasos la cifra que recomienda.

LA "CURVA EN J" ENTRE ALCOHOL Y DEMENCIA

"No es lo mismo una cerveza con amigos tras el trabajo que beber solo para consolarse", afirma en defensa del consumo saludable y no abusivo del alcohol como protector cardiovascular. Una idea no compartida por las sociedades científicas y las campañas de salud pública que avanzan hacia el mensaje de "cero alcohol" para reducir sus riesgos en la salud.

La defensa se realiza desde la famosa "curva en J" entre alcohol y demencia, que afirma que dosis bajas (una copa al día) podrían asociarse a un efecto neutro o incluso protector, mientras que a partir de cierto umbral el riesgo de deterioro se dispara.

"También tiene ese efecto preventivo con las relaciones interpersonales, que a veces lo rígido para la salud física es cuestionable para la salud mental. Comer pizza es malo para la salud física, pero a lo mejor comer pizza con tus amigos un viernes para la salud mental es muy bueno", afirma.

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