Archivo - Acumulación de algas en el litoral del Oceáno Atlántico - PIXABAY - Archivo
MADRID, 21 Ago. (EUROPA PRESS) -
El Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha liderado un estudio que ha mostrado que la variabilidad del clima en el océano Atlántico puede ayudar a anticipar con meses de antelación los brotes de leishmaniasis cutánea en el norte de África.
Para llevar a cabo este trabajo, este centro impulsado por la Fundación "la Caixa" ha contado con la colaboración de investigadores del Institut Pasteur de Túnez, Marruecos y Francia. Así, se ha explorado esta vía de análisis con el objetivo de mejorar la predicción de los brotes de esta enfermedad en el mencionado emplazamiento geográfico.
En concreto, los científicos han identificado cómo determinados patrones climáticos que afectan a la lluvia en la región influyen, a distintas escalas temporales, en la transmisión de esta enfermedad y permiten desarrollar un sistema de predicción estacional con hasta un año de antelación. Todo en relación con una patología parasitaria transmitida por la picadura de flebótomos, que son unos pequeños insectos conocidos popularmente como moscas de la arena.
"Aunque generalmente no pone en peligro la vida, provoca lesiones y úlceras en la piel que pueden persistir durante meses o años y dejar cicatrices permanentes, con un importante impacto físico, psicológico y social", han indicado, tras lo que han informado de que "cada año se estima alrededor de un millón de nuevos casos en el mundo, especialmente en la cuenca mediterránea, Oriente Medio, Asia Central y América".
Según han expuesto, hasta ahora, los sistemas de alerta temprana para enfermedades sensibles al clima se habían desarrollado principalmente en regiones tropicales, donde fenómenos como 'El Niño' permiten realizar predicciones en los meses previos. "En las regiones templadas, en cambio, la atmósfera se consideraba mucho menos predecible, lo que dificultaba la elaboración de herramientas similares para enfermedades transmitidas por vectores", han declarado.
Ante ello, este estudio publicado en la revista especializada 'Science Advances' ha mostrado que esta limitación puede superarse incorporando dos grandes patrones de variabilidad climática del Atlántico, que son la 'Oscilación del Atlántico Norte' (NAO, por sus siglas en inglés) y la 'Variabilidad Multidecadal del Atlántico' (AMV, también por sus siglas en inglés).
INFLUENCIA DE LAS PRECIPITACIONES
Al respecto, han indicado que la primera es un fenómeno atmosférico que modula los vientos sobre este océano e influye en las precipitaciones de invierno en Europa y el norte de África, mientras que la AMV describe cambios lentos en la temperatura superficial del Atlántico que se desarrollan a lo largo de años o incluso décadas. "Los resultados del estudio muestran que la interacción entre ambos patrones modula las precipitaciones en el norte de África y, de forma indirecta, condiciona la evolución de la leishmaniasis", han aclarado.
De este modo, han señalado que las variaciones de la temperatura superficial del Atlántico modifican la circulación atmosférica y los vientos que transportan humedad hacia el norte de África, condicionando las precipitaciones. Con ello, estas lluvias regulan el crecimiento de la vegetación en los ecosistemas desérticos y, así, las poblaciones de roedores que actúan como reservorios del parásito.
"Como la leishmaniasis cutánea depende estrechamente de esta cadena de procesos, su aparición también puede predecirse a partir de las señales climáticas del Atlántico", han resumido, mientras que el investigador del ISGlobal y primer autor de este estudio, Adrià San-José, ha manifestado que "el desierto actúa como un filtro natural que deja al descubierto la memoria climática del Atlántico".
A juicio de este último, y "al estar influido por menos procesos climáticos", el desierto "permite aislar con mucha más claridad la señal del Atlántico en los patrones de lluvia". "Gracias a ello, identificamos una región donde la lluvia es sorprendentemente predecible, los desiertos de Túnez y Marruecos, y demostramos que esa predictibilidad también se transfiere a una enfermedad infecciosa", ha destacado.
Obtenida toda esta información, los científicos desarrollaron un modelo dinámico que reproduce la transmisión del parásito entre humanos, flebótomos y roedores. Este integra la temperatura y la precipitación locales con datos procedentes de la atmósfera y del Atlántico, con lo que es capaz de anticipar la aparición y la intensidad de los brotes de Leishmania major y Leishmania tropica en Marruecos y Túnez con hasta 12 meses de antelación.
"Se pensaba que este tipo de predicciones solo eran posibles en los trópicos", ha insistido, por su parte, el investigador ICREA del ISGlobal y autor sénior de este trabajo, Xavier Rodó, quien ha añadido que "lo sorprendente" es que se ha hallado "una fuente de predictibilidad también en una región templada" y se ha incorporado en un modelo que está preparado para ser operacional.