Publicado 16/09/2026 06:02

Ciencia.-La pérdida de hielo en Groenlandia y Antártida eleva el nivel del mar en más de 3 cm desde 1970, según datos satelitales

Archivo - Hielo en el fiordo de Qaleraliq, al fondo el frente glaciar de Qaleraliq, en el sur de Groenlandia, a 18 de julio de 2009, en Groenlandia, Dinamarca.
Archivo - Hielo en el fiordo de Qaleraliq, al fondo el frente glaciar de Qaleraliq, en el sur de Groenlandia, a 18 de julio de 2009, en Groenlandia, Dinamarca. - Rafael Bastante - Europa Press - Archivo

MADRID 16 Sep. (EUROPA PRESS) -

El registro de datos satelitales más largo jamás reunido sobre el cambio en las capas de hielo ha revelado que Groenlandia y la Antártida han perdido una escalofriante cifra de 11 billones de toneladas de hielo desde la década de 1970, elevando el nivel del mar a escala global en más de tres centímetros.

Sin embargo, estos nuevos hallazgos también destacan que la historia no se reduce simplemente al derretimiento del hielo en la superficie. Los glaciares que drenan estas vastas capas heladas también fluyen más rápido, canalizando enormes cantidades de hielo directamente hacia el océano. Juntas, Groenlandia y la Antártida son responsables en la actualidad de alrededor de una cuarta parte del aumento global del nivel del mar.

Estos últimos resultados, publicados en la revista Scientific Data, provienen del Ejercicio de Intercomparación del Balance de Masa de las Capas de Hielo (IMBIE, por sus siglas en inglés), una amplia colaboración internacional en la que participan científicos polares de institutos de todo el mundo.

Con el apoyo de la ESA y la NASA, el IMBIE reúne y reconcilia las mediciones de diferentes misiones satelitales para construir la imagen más coherente posible de cómo han cambiado las dos grandes capas de hielo del planeta a lo largo de varias décadas.

Al combinar estas observaciones, los investigadores pueden comprender mejor cuánto hielo se ha perdido, dónde ocurre esa pérdida y con qué rapidez se está acelerando; todo ello fundamental para mejorar las proyecciones sobre el futuro aumento del nivel del mar.

Basándose en datos de 27 misiones satelitales -como CryoSat de la ESA, los satélites Sentinel de Copernicus, las misiones GRACE de EE.UU. y Alemania y las primeras misiones Landsat-, el equipo analizó 42 estudios independientes para rastrear los cambios en las capas de hielo. El nuevo registro del IMBIE resultante se remonta a 1972 en el caso de Groenlandia y a 1979 en el de la Antártida.

Entre 1979 y 2023, Groenlandia y la Antártida perdieron conjuntamente 11,3 billones de toneladas de hielo, lo que contribuyó en 3,14 centímetros al aumento del nivel del mar a nivel mundial.

La investigación descubrió que Groenlandia representó 1,81 centímetros de dicho aumento, en comparación con los 1,33 centímetros correspondientes a la Antártida. El 84% de la pérdida combinada de hielo fue consecuencia del aceleramiento de los glaciares y de una mayor descarga de hielo hacia el océano, mientras que solo el 16% se debió al derretimiento en la superficie de las capas de hielo.

LAS PÉRDIDAS DE HIELO SE ACELERARON DRÁSTICAMENTE EN LOS 90

Las pérdidas de hielo comenzaron a acelerarse drásticamente a partir de la década de 1990. Groenlandia, que estaba cerca del equilibrio en la década de 1970 (lo que significa que las ganancias y pérdidas de hielo eran iguales), vio cómo su pérdida anual de hielo aumentó de unos 60.000 millones de toneladas en los años 80 a 264.000 millones de toneladas en la década de 2010, un decenio marcado por episodios repetidos de derretimiento estival extremo.

La Antártida siguió una trayectoria similar, con pérdidas anuales que pasaron de unos 48.000 millones de toneladas en los años 80 a 202.000 millones de toneladas en los años 2010. Sin embargo, a diferencia de Groenlandia, la pérdida neta de hielo en la Antártida estuvo impulsada por completo por el derretimiento provocado por el océano y la aceleración de sus glaciares efluentes.

En la Antártida Occidental, la descarga de hielo ha aumentado en cada década del registro satelital, impulsada en particular por el aceleramiento de los glaciares Pine Island y Thwaites.

Más recientemente, entre 2020 y 2023, se ha registrado una desaceleración en la pérdida general de hielo. En la Antártida, nevadas inusualmente intensas en la Antártida Oriental añadieron suficiente hielo para compensar parte de las pérdidas de los glaciares en otras partes del continente.

En Groenlandia, una serie de veranos relativamente suaves ha reducido de forma sustancial el derretimiento superficial, reduciendo aproximadamente a la mitad la cantidad de hielo perdido por esta vía.

No obstante, los científicos advierten de que estos cambios representan variaciones a corto plazo más que una inversión de la tendencia a largo plazo. Las capas de hielo se mantienen en un estado de pérdida neta, y las fluctuaciones interanuales en las nevadas, las temperaturas y el flujo de los glaciares pueden enmascarar temporalmente el patrón más amplio de pérdida continuada de hielo.

Por otra parte, los hallazgos subrayan el papel central de las capas de hielo en el futuro aumento del nivel del mar. Su respuesta a un clima cada vez más cálido es la mayor fuente individual de incertidumbre en las proyecciones del nivel del mar: las estimaciones más elevadas del aumento del nivel del mar global para el año 2150 se multiplican por un factor de 2,6 una vez que se contabiliza el riesgo de inestabilidad de las capas de hielo.

FUNDAMENTAL EL REGISTRO CONTINUO DURANTE MEDIO SIGLO

Por lo tanto, el registro continuo de medio siglo sobre el comportamiento de las capas de hielo resulta fundamental para anticipar los riesgos que afrontan los cientos de millones de personas que habitan en zonas costeras de baja altitud.

Si bien la investigación ofrece una de las evaluaciones a largo plazo más claras hasta la fecha sobre cómo están cambiando Groenlandia y la Antártida, también pone de relieve el papel crucial de las observaciones satelitales continuadas, la recopilación y conservación de conjuntos de datos a largo plazo y las técnicas de procesamiento de datos de última generación utilizadas para convertir las observaciones en medidas del cambio en las capas de hielo a lo largo de décadas.

Al combinar mediciones de sucesivas generaciones de satélites, se obtienen registros a largo plazo que revelan tendencias que serían imposibles de identificar únicamente mediante observaciones a corto plazo. Estos registros son también esenciales para poner a prueba y mejorar los modelos utilizados para proyectar la pérdida futura de hielo y el aumento del nivel del mar.

"La capacidad de evaluar el estado actual de las capas de hielo de nuestro planeta y comprender las causas principales del cambio de manera tan exhaustiva solo es posible gracias a la observación continua de la Tierra y a los registros de datos climáticos a largo plazo desarrollados a través de programas de investigación como la Iniciativa sobre el Cambio Climático de la ESA", ha declarado Clement Albergel, de la ESA.

Diego Fernández, también de la ESA, ha señalado que "estos hallazgos demuestran la importancia fundamental de la colaboración científica internacional para abordar los grandes cambios ambientales de nuestro tiempo".

"En los próximos años, misiones novedosas como CRISTAL y ROSE-L serán críticas para consolidar este trabajo, permitiendo un monitoreo avanzado de los rápidos cambios que afectan ahora a las capas de hielo y ayudándonos a comprender mejor un sistema climático en evolución en el que ya no se pueden descartar cambios abruptos e irreversibles", ha manifestado.

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